En su aventura electoral le fue mejor de lo que se esperaba o, al menos, mejor de lo que decían las encuestas. Salió fortalecida, con un liderazgo claro, pero también sin pega. Piensa en una plataforma o caminar hacia la construcción de un medio de comunicación que dé espacio a otras ideas. Aquí habla de sus proyecciones, repasa los golpes que le dejó la campaña y el tránsito que significó decir que aceptaba competir por llegar a La Moneda.
por ALEJANDRA CARMONA LÓPEZ. Publicado en El Mostrador el 31 de enero de 2018
Fotografía: El Mostrador
Uno de los días más duros en la campaña de Beatriz Sánchez (47) fue cuando la Revista Paula publicó una entrevista en la que en la misma frase juntó el nombre de Salvador Allende y la palabra totalitario. Todos los tecleos en redes sociales se le vinieron encima, tuiteos de ella misma intentando una explicación. Declaraciones de figuras políticas. Una sobredosis de trolls y política amarga. Y ella, en la ducha de su casa, intentaba que el mal rato escurriera junto con el agua, porque parte de lo que más le importa se descorazonaba en ese momento por primera vez. Pablo Aravena, su esposo, que había estado al lado de ella como un roble, resintió la avalancha y tambaleó. Los políticos a veces están hechos de un material que parece acero, pero ellos, enfrentados a una aventura desconocida, sintieron cuchillos. Al menos en ese minuto. “Por primera vez lo vi abatido. Escuché cuando mis tres hijos entraron a la pieza y le dijeron: ‘Ya poh, papá, tenís que hacer todo lo contrario, no andar así’. Siento que fue injusto para los cabros asumir esta protección. Pero ese día dije: ‘Chuta’, y viví parte de lo más duro puertas adentro de la campaña. Porque todas tus penas y angustias, en este proceso, se ventilan mucho en la casa. Entonces, él tenía que estar muy firme para mantener la casa andando. Y los niños también pensaban que tenían que protegerme. -Igual es extraño mirarse un día al espejo y decir: “Oh, puedo ser presidenta de la República”… -Yo de hecho hice un editorial donde me preguntaba qué le pasará a alguien que quiere ser candidato presidencial. ¡Y tiempo después me estaba haciendo la misma pregunta! Seis meses antes de decidirlo la primera que lo hizo público en los micrófonos de la radio fue la “Kena” Lorenzini. Había un juego electoral en Twitter y yo gané en uno de esos, y ella me empezó a decir ‘oye presidenta’, pero era broma. Después, otros panelistas de la radio que estaban en lo que después sería el Frente Amplio, me dijeron que mi nombre salía en las asambleas. Pero yo me reía de todo. No estaba en mis cálculos. No lo imaginó. De hecho, cuando meses después de ese juego en redes sociales tuvo una reunión clave con Giorgio Jackson, Gabriel Boric y Patricia Araya, y ellos se lo pidieron formalmente, también lo pensó, esta vez seriamente. La respuesta volvió a ser no.El riesgo
“Para cualquier proyecto nuevo es súper difícil tratar de hacer sentido, de comunicarse con las personas si hay medios que permanentemente caricaturizan lo que tú dices, caricaturizan lo que representas y eres. Como yo soy periodista, tengo una fijación con los medios”.Está más descansada. Ha podido dormir un poco. Comer mejor. Retomó lecturas que no estuvieran relacionadas solo con políticas públicas. Tiene más tiempo para Depeche Mode mientras va en el auto. También retomó las series. Ahora ve Mindhunter en Netflix. “Una foto, porfa”, le dice el garzón del restaurante donde se hace esta entrevista. Él la apretuja y hace el mejor gesto de ‘viva el rock’ con la mano. Todo para la selfie. También le dice que escuche su disco, le habla un par de segundos de su banda de rock. Mientras todos siguen a Beatriz con la mirada, el mozo y su banda son la estrella del breve diálogo. Le pongo cara de emoji agobiado, pero ella se ríe. No se cansa de conversar. Lo pasa bien en la calle y se le nota, aunque la decisión que la desvió del camino laboral fue como una ola que la agarró en la orilla de la playa y le dio tres vueltas. -Finalmente acepté porque mi familia me apoyó ene, pero sobre todo porque yo no tengo ningún problema en mi vida, vivo feliz, ganaba entonces una plata que me alcanzaba… entonces al final quieres un país distinto, pero te quedas en el lado más cómodo. Gabriel y Giorgio también me contaron su experiencia: los dos fueron dirigentes estudiantiles, los dos estudiaron una carrera, si bien les gusta la política tampoco se imaginaron en el Parlamento. También es decir: ‘Bueno, tomo este camino porque hay que hacer cosas, con todo lo que significa’. De eso se trata, de arriesgar en lo que uno cree. Siento que hoy día está tan perdido en el discurso público… (Como en muchos momentos más de esta entrevista, Beatriz llorará con risa porque se emociona, pero al mismo tiempo le da risa ser llorona.) “Yo me emociono, soy tan llorona, pero en general ya no existe esto de que digas: ‘Dejo todo por lo que yo quiero’. Que tampoco es todo, porque igual yo sigo teniendo mi casa y mi familia”, dice, mientras saca una servilleta tras otra para sonarse. -¿Qué te emociona de eso? -Estoy bien orgullosa. Pese a que fue una campaña muy dura, tiene momentos increíbles, pero es dura porque estás todo el rato siendo enjuiciada por todo el mundo. Eso es muy duro, te descoloca, todo el rato te preguntas si estás haciendo lo correcto. Miro para atrás porque igual uno se va descubriendo a sí misma. Siento que soy una mina fuerte y me gusta. Me gusta sentir que soy como pensaba que era. Que no me engañaba a mí misma. Yo estudié en colegio particular, tuve una vida protegida. Quedé embarazada muy joven, pero tuve el respaldo económico para seguir estudiando. O sea, he tenido una vida relativamente fácil, entonces soy súper segura de mí misma, pero nunca estuve en una posición en que a lo mejor tenía que probar esa seguridad, no a los demás, sino que a mí misma. -¿Qué es lo que más te dolió o hizo tambalear esa seguridad? -Dos cosas. Una más íntima y otra más pública. Una es que estaba conversando con mis cabros, el Seba y el Pablo, que son los más chicos, y de repente recordé que yo era quien siempre se preocupaba por los libros que mis hijos iban a leer en el colegio todos los meses. Yo siempre me preocupé de eso. Pero se me olvidó y un día le pregunto: ‘Oye Seba, cómo se han conseguido los libros’. Y me dice: ‘No, no te preocupes, si yo los busco por internet y bajo los de mi hermano y los míos’. Y me dio ene lata, porque sentí que me estaban protegiendo y no me querían hacer ningún atado. Entonces tú dices, como que ya, se cambió un poco el rol, entonces esto es como injusto para ellos, porque asumen un rol protector. Vuelve a llorar-reír. Saca más servilletas. El mozo rockero le pregunta si todo está bien. Ella le dice que estuvo rica la sopa de zanahoria, él se va feliz. “Con los años me pongo más llorona. Con Aravena somos llorones también. En mi comando hay muchos llorones”, dice, mientras se enjuga los ojos. -¿Pero no tienes depresión ni estrés? -Nooooo (esta vez solo se ríe). -¿En alguna oportunidad de tu vida tomaste pastillas para dormir, por ejemplo? -No. -¿Y ahora? -Tampoco. -¿Nunca, nunca? -Es que decirlo así es como trampa… porque yo como cosas dulces. Me pasó una talla una vez, que vino un médico siquiatra cuando estaba en ADN y hablamos de que Chile tiene un nivel de depresión y estrés… y hay gente que toma pastillas ansiolíticas mucho más que en otros países de Latinoamérica. Yo me preguntaba por qué. No sabemos por qué. Puede ser el estilo, el modelo de vida. Él me mencionaba las estadísticas: más mujeres que hombres toman ansiolíticos todos los días. Yo decía: ‘Oye, yo nunca he tomado pastillas, qué piola, estoy súper en control de mi vida’. Después dije: ‘No, po’, cada uno tiene su escape. Yo como cosas dulces. Yo tengo pena y como algo dulce. Tengo rabia y como algo dulce. Estoy alegre y tengo que comerme algo dulce, ¿cachái? Ahí escapa mi ansiedad. No soy de chocolates, sino que de pasteles. -¿Ahora se te hizo un hábito en el período de campaña? -No, porque en campaña comes lo que puedes. Creo que puedo hacer un magíster de los Pronto Copec. Comí una cantidad de completos y sándwiches… así que echo de menos la comida de olla. -¿Estás sana? -No lo sé. Me voy a hacer exámenes porque no lo sé. Abusé mucho de las masas en los meses de la campaña. Vamos a ver el azúcar.