Ahora bien, eso no tiene que ver con que las relaciones internacionales tengan que hacerse con vino tiento, con asado y todos tomados de las manos, como expresa el “Facho Pobre”. Las relaciones internacionales involucran intereses y por supuesto cada parte ha de defender estos intereses. Sin embargo, lo que debe primar es el diálogo y deben primar formas de comunicación y de entendimiento.

Yo no quiero vivir en una sociedad militarizada, con una clase militar que tiene privilegios muy distintos al resto de la población, que es lo que sucede hoy en Chile, por ejemplo con el tema de las pensiones.

Ni Chile, ni Bolivia, son cosas unívocas, únicas. En Chile vivimos alrededor del 18 o 20 millones de personas. En Bolivia son casi 11 millones de personas. En ambos países vamos a encontrar personas chauvinistas y vamos a encontrar personas que de algún modo desprecian y odian a los países vecinos. Pero les aseguro que la mayoría de los bolivianos, al igual que la mayoría de los chilenos, queremos vivir en paz y queremos entendernos.

Si se hace una conversación con Bolivia, primero que todo en esa conversación debe participar la gente que vive en aquellas zonas, la gente de la I y de la II Región, principalmente la gente de Antofagasta, de Arica. Debe participar la gente de los lugares que directamente están afectados. Esta idea de una patria etérea, que simplemente está dibujada en un mapa, y que a partir de la cual la gente dice “yo soy capaz de morir”, es exactamente lo mismo que ocurrió en las dos Guerras Mundiales.

Una clase oligárquica y dominante, convenció a la gente que las guerras que se montaron en aquella época eran sobre la base de intereses nacionales y lo que realmente había detrás de esas guerras eran intereses de expansión imperialista y económica.

El costo de la Primera Guerra Mundial fueron alrededor de 18 millones de personas y el costo de la Segunda Guerra Mundial en vidas, alcanzó cerca de los 70 millones de personas. ¿Queremos replicar esa misma fiebre nacionalista y chauvinista? Yo prefiero, prefiero sinceramente, entenderme. Y prefiero llegar y valorar lo que significa realmente la integración con nuestros pueblos vecinos.

No se trata de regalarles tierras ni de regalarles mar, ni de regalarles cielo, se trata simplemente de una disposición respetuosa, de una disposición a dialogar, a conversar.

En estos momentos nuestros recursos naturales están capturados por una clase diminuta de personas, que son dueñas del agua, del cobre, del litio, son dueñas del mar. Ellas son realmente quienes se favorecen y quienes defienden estos nacionalismos extremos. Y, en esa defensa, ponen como escudo a la gente común y corriente, a la gente del pueblo. Es lo que ocurrió con la Guerra del Pacífico.

En la Guerra del Pacífico había alrededor de 2.500 soldados chilenos profesionales. El resto, de los más de 70.000 soldados que pelearon en esa guerra, fueron civiles, gente que salió de las ciudades, de los barrios pobres, de los campos, gente que fue forzada a pelear en la guerra a través de lo que se llamó, justamente, las levas forzadas. No todo el mundo fue a pelear voluntariamente a esa guerra. Muchas de estas personas fueron puestas como carne de cañón en estas batallas y fueron muertas en muchos casos mutiladas. Tal como menciona este caballero, el Facho Pobre, fueron enviados niños, niños de 16 años. ¿Qué capacidad de discernimiento tiene un niño de 16 años para saber si efectivamente quiere ir a una guerra a matar o a morir? No la tiene.

¿Sabes tu, Facho Pobre, quién fue Jhon Thomas Nord? Imagino que lo sabes, no? Jhon Thomas Nord fue un ciudadano británico, que cuando ocurrió la Guerra del Pacífico, apostó por Chile y compró acciones en las salitreras. Resulta que después de la guerra, esas acciones valían muchísimo, pero muchísimo más del costo que él pagó por ellas. Se convirtió en el hombre más rico de Chile, fue quien realmente profitó del salitre. Los beneficios del salitre estuvieron en un grupo reducido de personas, en una clase económica.

Los obreros de las salitreras, muchos de los obreros de las salitreras, fueron soldados que regresaron de esa guerra y se quedaron viviendo en el norte de Chile, en condiciones inhumanas, trabajaban sin siquiera poder acceder a un sueldo.

En el año 1907 se produce lo que se conoce como la Matanza de la Escuela Santa María, donde el Ejército de Chile en conjunto con la oligarquía no encuentra nada mejor que a punta de pistola matar a los obreros que estaban en huelga. De esos mismos que pelearon en la Guerra del Pacífico y de sus hijos que estaban trabajando en las salitreras.

Ese es el aprecio que tienen nuestras clases oligárquicas por la gente y por el pueblo. El pueblo es la carne de cañón que va a las guerras y nosotros tenemos la obligación, tenemos el deber moral de entendernos y de comprender que nuestros vecinos no son nuestros enemigos.”

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