Hoy vivimos una pandemia, un virus que se aloja en las gargantas de los afectados y que causa la muerte del paciente, en los casos mas graves.

Una tragedia, una gran tragedia como muchas que han asolado a la humanidad en el transcurso de su corta existencia.

Todes han tomado las precauciones que las autoridades indican para evitar contagiarse o al menos aminorar los efectos de este nuevo virus.

Algunos dan cátedras sanitarias, otros levantan teorías de cómo enfrentar la pandemia y sus efectos colaterales.

Lo extraño es que nadie, o al menos así parece, ha levantado iniciativas que apunten a como debemos enfrentar lo que se viene una vez se logre frenar el avance furibundo de este virus.

No hemos escuchado, ni leído, sobre qué modelo económico social se asumirá para enfrentar algo mayor a este virus: la caída definitiva del modelo económico neoliberal, inhumano, indolente, rapaz y violento que hoy ve socavados sus cimientos al comprobarse empíricamente, que todo lo que denunciábamos desde hace muchísimo tiempo, hoy queda en evidencia.

 

Prioridades de los Estados en lo económico:

  • Mantener equilibrios macroeconómicos sobre las necesidades de los ciudadanos.
  • Manejar las finanzas a través de leyes creadas para sostener los parámetros económicos.
  • Armamentismo en crecimiento
  • Debilitación de los Estados en lo social. “Jibarización” de la educación y la salud pública dejando en manos del privado la creación de redes de apoyo al ciudadano convirtiendo al Estado solo en un ente subsidiario de las políticas creadas, financiadas y ejecutadas por el mercado.

La pérdida la asume la sociedad toda, pero con más incidencia en los más vulnerables, mientras que las ganancias las asumen los privados a cambio de sueldos indignos para aquellos que nos tocó la base de la pirámide.

El diagnóstico es claro y lo conocemos desde hace décadas. Hoy necesitamos equilibrar la balanza con urgencia, nuestros representantes deben modificar su mirada de la realidad. No basta con solo legislar sobre acuerdos macros que solo apuntan a cuidar los equilibrios de un mercado que ya está colapsado.

Lo técnico es complejo pero la simplicidad de modificar la mirada y los paradigmas económicos debiera sonrojar a nuestros representantes toda vez hoy tienen la oportunidad histórica de dar un giro real en lo que se refiere a la protección de la gente.

Hoy se necesita que se entienda que esto ya no tiene vuelta. El neoliberalismo no es la respuesta. Hoy hay que desarmar el modelo…hoy el modelo está en el suelo.

Nos hablan de equilibrios económicos, de salvaguardar el empleo, de salvar a los emprendedores, pero lo único que están haciendo es seguir salvaguardando al poder económico que maneja a la política.

En chile tenemos una billetera que se está desinflando: los fondos previsionales. Son nuestros, generados por nuestro trabajo, pero administrados por los mismos que nos acorralan en nuestras casas diciéndonos que debemos hacer la pérdida tranquilos callados, que ellos saben lo que se debe de hacer.

¡Mentiras y más mentiras! Ellos no saben qué hacer, se les derrumbo el negocio.

Nuestros parlamentarios deberían estar en sintonía real con el pueblo. No más de eslóganes, no más apariciones, apoyando leyes parches de último momento.

Hoy necesitamos que se “acabronen” y hagan la pérdida con el pueblo junto al pueblo y si esto significa que asumir la pelea real, les saca del parlamento, bienvenido sea.

Hoy hay que hablar claro y fuerte. Este modelo no puede seguir avanzando.

Es hora de dejarlo morir. Es hora de imaginar una sociedad distinta, es hora de soñar un mundo mejor.

El virus no es la enfermedad, la enfermedad es este sistema, que prioriza armamento de guerra por encima de un ventilador mecánico.

El virus está en el modelo que elegimos vivir. La cura no es un antídoto. Es hacernos cargo de cambiar el modelo y hacer la pérdida entre todes.

¡Esto cambió y para siempre!

Somos los humanistas quienes debemos enarbolar la bandera del cambio real y coherente. No podemos seguir encadenados al poder por el poder.

¿Urgencia sanitaria? Diría mejor: urgencia humanizadora…. paz, fuerza y alegría

Eugenio Sánchez, EB región de los Lagos.