Una sociedad libertaria
Tres ejes fundamentales
Objetivos de nuestra acción política

Una sociedad libertaria


Los humanistas ponemos por delante la cuestión del trabajo frente al gran capital; la cuestión de la democracia real frente a la democracia formal; la cuestión de la descentralización frente a la centralización; la cuestión de la antidiscriminación frente a la discriminación; la cuestión de la libertad frente a la opresión; la cuestión del sentido de la vida frente a la resignación, la complicidad y el absurdo…, encaminando la lucha política hacia la creación de un nuevo tipo de sociedad. Una sociedad flexible y en constante cambio, acorde con las necesidades dinámicas de los pueblos hoy por hoy asfixiados por la dependencia.

Tres ejes fundamentales


  • Impulsar aquellos cambios de la institucionalidad vigente que viabilicen los avances hacia el proyecto social: iniciativa popular de ley, ley de responsabilidad política, plebiscitos vinculantes, elección de candidatos por la base, formas de autonomía regional, leyes que protejan a las minorías, medidas severas de protección ambiental, etc.
  • Impulsar o facilitar la reorganización de la base social.
  • Aprovechar el acceso a los medios de comunicación que otorga la pertenencia institucional para difundir esta cosmovisión y advertir de la urgente necesidad de su implementación. Ahora ya no estamos hablando de utopías sino de cambios y respuestas urgentes e inmediatos.

Objetivos de nuestra acción política


  • Una sociedad que ponga al ser humano, sus necesidades y aspiraciones en el centro de sus objetivos.
  • Una sociedad que erradique la violencia y la discriminación en cualquiera de sus formas (políticas, económicas, raciales, religiosas, físicas, de género) y promueva la hermandad, el entendimiento y la complementación entre todos los seres humanos (la Nación Humana Universal).
  • Una sociedad libertaria, en la que el poder sea administrado por el todo social y no por estructuras burocráticas (el Estado), por elites políticas o minorías económicas.
  • Una sociedad cuyo sistema socioeconómico asegure la justicia social y propenda a la distribución de la riqueza y no a su concentración. En un momento histórico en el que la tecnología está en camino a resolver buena parte de los problemas materiales del ser humano, el darwinismo social hoy imperante ya no tiene ninguna justificación, ni filosófica ni práctica.
  • Una sociedad en la que los medios de producción sean de propiedad social. El primer paso en esa dirección es la propiedad del trabajador.
  • Una sociedad cuyo modo de producción se base en el trabajo humano (o el de sus prótesis tecnológicas) y erradique cualquier forma de especulación y usura.
  • Una sociedad completamente descentralizada, que valore la diversidad local, la autorganización y la autogestión de las comunidades.
  • Una sociedad que priorice la creación de conocimiento y la innovación en todas las áreas del saber, por sobre la repetición de fórmulas obsoletas (algunas de ellas, a estas alturas, francamente nocivas, como es el caso del extractivismo y la dependencia económica de los recursos naturales).
  • Una sociedad cuidadosa con el medio ambiente, porque no solo importan los seres humanos del presente sino también aquellos que vendrán en el futuro.
  • La experiencia histórica nos ha demostrado que la concentración de poder estatal, así como la concentración del capital, atenta contra la libertad de las personas y violenta los Derechos Humanos. Basta una rápida mirada a los 17 años de dictadura militar (1973-1990), los 20 años de gobierno de la Concertación de partidos políticos (1990-2010) y los últimos 4 años del gobierno de los grupos económicos (2010-2013), para constatar cómo la concentración de poder corrompe a la sociedad.
  • Crear una sociedad libertaria significa: Desconcentración, Descentralización, Democracia directa, Diversidad y Unión Latinoamericana en dirección a la Unión Mundial. La desconcentración económica, la descentralización estatal, la democracia directa, la valoración de la diversidad, regresa el poder social y político a quienes siempre debieron haberlo tenido: los Pueblos.
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