¿Qué hacer?
Algunas definiciones
Su relación con otras corrientes
Su metodología de acción: La no violencia activa
Síntesis

¿Qué hacer?


El tiempo de conciencia más importante para los seres humanos es el futuro. En ese “espacio mental” se concentran las expectativas y aspiraciones que movilizan nuestra acción presente. De allí provienen las imágenes que orientan nuestro quehacer día tras día. La mayoría de esos proyectos, que hemos delineado cuidadosamente puesto que estaban dirigidos a transformar nuestras vidas y las de nuestro entorno inmediato, tienen su origen en el cúmulo de promesas difundidas por los líderes políticos y económicos a través de los medios de comunicación. Y esas posibilidades de progreso que supuestamente se nos abrían las hemos hecho nuestras ingenuamente, sin demasiados cuestionamientos.

Pero cuando caímos en cuenta de que esa sentida esperanza en una vida mejor ha fracasado y que aquellas  luminosas imágenes que construimos comienzan a disolverse en el vacío, la frustración del futuro se ha transformado en rabia. Entonces empezamos a buscar culpables a quienes destruir porque nos hemos sentido engañados, y esa furia irreprimible tiende entonces a descargarse mecánicamente por la violencia destructiva o también como un profundo desaliento.

Si a nivel social las cosas tomaran ese curso catártico, los problemas se agudizaran. Como vivimos en un sistema globalizado, seguramente esas explosiones tenderán a multiplicarse en todas las latitudes, como manifestación del profundo descontento de la gente. Esta furia social sin dirección -que puede adquirir muchas formas, desde la simple asonada callejera hasta la barbarie tecnificada- no contribuirá en nada a mejorar las cosas y tan solo aumentará el desorden general, con el consecuente incremento de la reacción represiva desde los poderes fácticos para tratar de controlar el caos creciente. Las élites se verán completamente sobrepasadas por el desborde psicosocial generalizado y el sistema se desintegrará aceleradamente, con altas cuotas de dolor y sufrimiento para todos. ¿Qué vendrá después? Lo mismo que ha sucedido en otros momentos de la historia: una larga y oscura Edad Media, solo que ahora será global.

A estas alturas, parece estar quedando claro que este sistema nos utilizó para sus propios fines, al asegurarnos que la única forma de alcanzar el bienestar material al que aspirábamos genuinamente era convertirnos en vulgares bestias rapaces que debían competir despiadadamente por esos bienes escasos. Es decir, para acceder a la riqueza anhelada debíamos deshumanizarnos. Tal vez lo creímos, tal vez no, pero todos fuimos igualmente arrastrados por la corriente deshumanizadora y violenta que el sistema propiciaba como conducta ejemplar. Por cierto, las élites han sido cómplices activas de esta lógica perversa y cuando ahora comprendemos que esas deslumbrantes promesas no se han cumplido ni se cumplirán jamás, nos sentimos invadidos por la desazón y una ciega furia hacia esas dirigencias nubla nuestro juicio.

Sin duda que este sistema inhumano puede y debe ser transformado radicalmente y con urgencia. Pero el Nuevo Humanismo nos propone un camino distinto al caos destructivo. Primero, deberíamos cambiar la dirección de nuestra mirada. Ha llegado el momento de dejar de mirar hacia las alturas, ya sea con veneración o con odio, y comenzar a conectarnos con nuestro entorno cercano. Necesitamos restablecer sin demora los vínculos afectivos con ese medio inmediato al que abandonamos para perseguir quimeras.

“A diferencia de otras épocas llenas de frases huecas con las que se buscaba reconocimiento externo, hoy se empieza a valorar el trabajo humilde y sentido mediante el cual no se pretende agrandar la propia figura sino cambiar uno mismo y ayudar a hacerlo al medio inmediato familiar, laboral y de relación. Los que quieren realmente a la gente no desprecian esta tarea sin estridencias, incomprensible en cambio para cualquier oportunista formado en el antiguo paisaje de los líderes y la masa, paisaje en el que aprendió a usar a otros para ser catapultado hacia la cúspide social”. (Silo, 1993).

Después, hemos de ponernos de cabeza a la tarea de colaborar en la regeneración del tejido social, hoy destruido por la competencia y el individualismo esquizofrénico. En este nuevo espíritu, las conductas competitivas y de apropiamiento propias del capitalismo deberían ser reemplazadas por aquellas de colaboración y reciprocidad que responden a una actitud humanista. En la medida en que esa red de intenciones se vaya ampliando y las personas aprendan (o re-aprendan) a deliberar en conjunto, comenzarán a ponerse de acuerdo en las prioridades para abordar la acción y darle un propósito compartido, una dirección común, al tiempo que se asumen formas de lucha basadas en la no violencia activa.

“Una vez que ese proceso se ponga en marcha, se repetirá espontáneamente en el surgimiento de múltiples organizaciones de base que formarán los trabajadores ya independizados de la tutela de las cúpulas sindicales. Aparecerán numerosos nucleamientos políticos, sin organización central, en lucha con las organizaciones políticas cupulares. Comenzará la discusión en cada fábrica, en cada oficina, en cada empresa. El fermento social comenzará a activarse nuevamente y se desatará la lucha clara y franca entre el capital especulativo, en su neto carácter de fuerza abstracta e inhumana, y las fuerzas del trabajo, verdadera palanca de la transformación del mundo. La democracia real, plebiscitaria y directa será una necesidad si se quiere salir de la agonía de la no participación y de la amenaza constante del desborde social”. (Silo, 1994).

Todo este protagonismo inédito de la base social en el proceso de cambios que habremos ayudado a poner en marcha, estará animado por un nuevo sentido que seguramente impulsará formas de organización flexibles y descentralizadas, las cuales tenderán a reemplazar las relaciones verticales de subordinación tradicionales por una red de vínculos de coordinación entre funciones diversas.

Para el Nuevo Humanismo, en este momento histórico la época nos está demandando una misión bien precisa, cual es la de colaborar en la rearticulación de la base social y generar los ámbitos propicios para deliberar y pensar en conjunto el mañana. Nada más y nada menos. A eso queremos convocarlos. La verdad es que en medio del fragor y la pesadumbre de un caos incipiente no podría haberse encontrado otro destino más deslumbrante.

¿Qué hacer?


El tiempo de conciencia más importante para los seres humanos es el futuro. En ese “espacio mental” se concentran las expectativas y aspiraciones que movilizan nuestra acción presente. De allí provienen las imágenes que orientan nuestro quehacer día tras día. La mayoría de esos proyectos, que hemos delineado cuidadosamente puesto que estaban dirigidos a transformar nuestras vidas y las de nuestro entorno inmediato, tienen su origen en el cúmulo de promesas difundidas por los líderes políticos y económicos a través de los medios de comunicación. Y esas posibilidades de progreso que supuestamente se nos abrían las hemos hecho nuestras ingenuamente, sin demasiados cuestionamientos.

Pero cuando caímos en cuenta de que esa sentida esperanza en una vida mejor ha fracasado y que aquellas  luminosas imágenes que construimos comienzan a disolverse en el vacío, la frustración del futuro se ha transformado en rabia. Entonces empezamos a buscar culpables a quienes destruir porque nos hemos sentido engañados, y esa furia irreprimible tiende entonces a descargarse mecánicamente por la violencia destructiva o también como un profundo desaliento.

Si a nivel social las cosas tomaran ese curso catártico, los problemas se agudizaran. Como vivimos en un sistema globalizado, seguramente esas explosiones tenderán a multiplicarse en todas las latitudes, como manifestación del profundo descontento de la gente. Esta furia social sin dirección -que puede adquirir muchas formas, desde la simple asonada callejera hasta la barbarie tecnificada- no contribuirá en nada a mejorar las cosas y tan solo aumentará el desorden general, con el consecuente incremento de la reacción represiva desde los poderes fácticos para tratar de controlar el caos creciente. Las élites se verán completamente sobrepasadas por el desborde psicosocial generalizado y el sistema se desintegrará aceleradamente, con altas cuotas de dolor y sufrimiento para todos. ¿Qué vendrá después? Lo mismo que ha sucedido en otros momentos de la historia: una larga y oscura Edad Media, solo que ahora será global.

A estas alturas, parece estar quedando claro que este sistema nos utilizó para sus propios fines, al asegurarnos que la única forma de alcanzar el bienestar material al que aspirábamos genuinamente era convertirnos en vulgares bestias rapaces que debían competir despiadadamente por esos bienes escasos. Es decir, para acceder a la riqueza anhelada debíamos deshumanizarnos. Tal vez lo creímos, tal vez no, pero todos fuimos igualmente arrastrados por la corriente deshumanizadora y violenta que el sistema propiciaba como conducta ejemplar. Por cierto, las élites han sido cómplices activas de esta lógica perversa y cuando ahora comprendemos que esas deslumbrantes promesas no se han cumplido ni se cumplirán jamás, nos sentimos invadidos por la desazón y una ciega furia hacia esas dirigencias nubla nuestro juicio.

Sin duda que este sistema inhumano puede y debe ser transformado radicalmente y con urgencia. Pero el Nuevo Humanismo nos propone un camino distinto al caos destructivo. Primero, deberíamos cambiar la dirección de nuestra mirada. Ha llegado el momento de dejar de mirar hacia las alturas, ya sea con veneración o con odio, y comenzar a conectarnos con nuestro entorno cercano. Necesitamos restablecer sin demora los vínculos afectivos con ese medio inmediato al que abandonamos para perseguir quimeras.

“A diferencia de otras épocas llenas de frases huecas con las que se buscaba reconocimiento externo, hoy se empieza a valorar el trabajo humilde y sentido mediante el cual no se pretende agrandar la propia figura sino cambiar uno mismo y ayudar a hacerlo al medio inmediato familiar, laboral y de relación. Los que quieren realmente a la gente no desprecian esta tarea sin estridencias, incomprensible en cambio para cualquier oportunista formado en el antiguo paisaje de los líderes y la masa, paisaje en el que aprendió a usar a otros para ser catapultado hacia la cúspide social”. (Silo, 1993).

Después, hemos de ponernos de cabeza a la tarea de colaborar en la regeneración del tejido social, hoy destruido por la competencia y el individualismo esquizofrénico. En este nuevo espíritu, las conductas competitivas y de apropiamiento propias del capitalismo deberían ser reemplazadas por aquellas de colaboración y reciprocidad que responden a una actitud humanista. En la medida en que esa red de intenciones se vaya ampliando y las personas aprendan (o re-aprendan) a deliberar en conjunto, comenzarán a ponerse de acuerdo en las prioridades para abordar la acción y darle un propósito compartido, una dirección común, al tiempo que se asumen formas de lucha basadas en la no violencia activa.

“Una vez que ese proceso se ponga en marcha, se repetirá espontáneamente en el surgimiento de múltiples organizaciones de base que formarán los trabajadores ya independizados de la tutela de las cúpulas sindicales. Aparecerán numerosos nucleamientos políticos, sin organización central, en lucha con las organizaciones políticas cupulares. Comenzará la discusión en cada fábrica, en cada oficina, en cada empresa. El fermento social comenzará a activarse nuevamente y se desatará la lucha clara y franca entre el capital especulativo, en su neto carácter de fuerza abstracta e inhumana, y las fuerzas del trabajo, verdadera palanca de la transformación del mundo. La democracia real, plebiscitaria y directa será una necesidad si se quiere salir de la agonía de la no participación y de la amenaza constante del desborde social”. (Silo, 1994).

Todo este protagonismo inédito de la base social en el proceso de cambios que habremos ayudado a poner en marcha, estará animado por un nuevo sentido que seguramente impulsará formas de organización flexibles y descentralizadas, las cuales tenderán a reemplazar las relaciones verticales de subordinación tradicionales por una red de vínculos de coordinación entre funciones diversas.

Para el Nuevo Humanismo, en este momento histórico la época nos está demandando una misión bien precisa, cual es la de colaborar en la rearticulación de la base social y generar los ámbitos propicios para deliberar y pensar en conjunto el mañana. Nada más y nada menos. A eso queremos convocarlos. La verdad es que en medio del fragor y la pesadumbre de un caos incipiente no podría haberse encontrado otro destino más deslumbrante.

Algunas definiciones


El Nuevo humanismo fija su posición en relación al momento histórico actual y considera que es imprescindible la elaboración de un humanismo que contribuya al mejoramiento de la vida, que haga frente a la discriminación, al fanatismo, a la explotación y a la violencia.

En un mundo que se globaliza velozmente y que muestra los síntomas del choque entre culturas, etnias y regiones propone un Humanismo Universalista, plural y convergente; en un mundo en el que se desestructuran los países, las instituciones y las relaciones humanas, impulsa un humanismo capaz de producir la recomposición de las fuerzas sociales; en un mundo en el que se perdió el sentido y la dirección en la vida, destaca la necesidad de un humanismo apto para crear una nueva atmósfera de reflexión en la que no se opongan ya de modo irreductible lo personal a lo social ni lo social a lo personal.

El Nuevo Humanismo define al ser humano como “…aquel ser histórico cuyo modo de acción social transforma a su propia naturaleza” y considera humanista a “… todo aquel que lucha contra la discriminación y la violencia, proponiendo salidas para que se manifieste la libertad de elección del ser humano”

El Nuevo Humanismo tiende a la modificación del esquema de poder con el objetivo de transformar la estructura social actual que se dirige hacia un sistema cerrado en el que van predominando las actitudes prácticas y los «valores» teóricos del antihumanismo.

Sus intérpretes y militantes, alientan un humanismo creativo, no un humanismo repetitivo; un humanismo que teniendo en cuenta las paradojas de la época aspire a resolverlas.

Su relación con otras corrientes


Históricamente, la posición del humanismo frente al capitalismo (y su sustento teórico e ideológico, el liberalismo, hoy neoliberalismo) ha sido siempre muy clara: se trata de una forma de darwinismo social y por lo tanto es un antihumanismo.

De manera que la discusión con esta corriente de pensamiento y acción no está dirigida hacia sus premisas técnicas sino que a su concepción de ser humano y a la posición en la que lo ubica al interior de la estructura social. Este posicionamiento del humanismo no es secundario porque permite elevar el debate, al sacarlo del plano operativo cuyo eje es el dinero y no el ser humano.

Si bien el humanismo siempre ha estado más cerca del proyecto socialista, su versión marxista basada en el materialismo dialéctico y en una visión determinista del proceso social, también terminó deshumanizando al socialismo porque ubicó al ser humano en una posición de reflejo respecto a la realidad material y económica, es decir, como un fenómeno totalmente periférico y descartable.

Su metodología de acción: La no violencia activa


El Nuevo Humanismo propone una no violencia activa, consistente en la denuncia sistemática de todas las formas de violencia que ejerce el sistema y como táctica de lucha aplicada a todas aquellas situaciones en que se verifica cualquier tipo de discriminación.

A diferencia del pacifismo, que es fundamentalmente la denuncia del armamentismo, la no violencia es un método de acción y un estilo de vida.

Los humanistas planteamos el problema de fondo: saber si queremos vivir y decidir en qué condiciones hacerlo. Todas las formas de violencia física, económica, racial, religiosa, sexual e ideológica, merced a las cuales se ha trabado el progreso humano, repugnan a los humanistas. Toda forma de discriminación, manifiesta o larvada, es motivo de denuncia para los humanistas.

Síntesis


El cambio sistémico surgirá desde la base y solo en la base, una vez que se entienda que así como fracasó el socialismo, el capitalismo también ha fracasado. Será esta comprensión la que permitirá desencadenarnos definitivamente de las viejas instituciones.

El humanismo propone un camino que pasa por adoptar un nuevo estilo de vida, el que se expresa en la acción de dos maneras principales: la autorganización y la autogestión.

Se trata de propuestas nuevas, desconocidas para los grandes conjuntos y respecto de las cuales no existe una memoria social porque nunca antes se han implementado en la práctica.

Abrir un nuevo camino viable de organización social, entendiendo que las formas actuales están en una crisis terminal, significa construir una nueva épica y habrá épica cuando se abra el futuro y se reivindique la acción para recorrer ese nuevo camino

El Nuevo Humanismo se juega por una concepción del ser humano intencional y no reactivo, que puede romper con los enormes condicionamientos que le impone su época, capaz de buscar nuevas respuestas a los desafíos que esta le plantea, que lo encaminen a espacios de libertad cada vez más amplios.

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